martes, 22 de julio de 2008

...Y NOS MARCHAMOS...


Impresiones de un zambullido en la apoteósica marcha blanca.

Me le metí a la caminata con doble porción del dolor de patria que uno se inflige en el rostro para un acto como estos, pues además del deber civil de acompañar a las victimas del conflicto, lo hice poseído de un espantoso guayabo que me levantó a las once y me sometió desde la Javeriana hasta la plaza de Bolívar de Bogotá. La resaca en cuestión le dio a mis pasos categoría de viacrucis y en ese acto de estoicismo y temple, yo también le cumplí a mi gente ausente, dándole un sentido retrospectivo y critico al país que desfilamos el domingo.

Ese día, viví el acto de contrición nacional que no hacía desde el sepelio amalayado de Luis Carlos Galán, y me di un septimazo de añoranzas al volver a marchar las tragedias del país en la escena asfáltica de crudo rictus, real, implacable y eterna que figura esa avenida concurrente que lleva al poder (o al cementerio dependiendo del sentido norte sur), la carrera séptima. El domingo aspiré los aromas de la historia de esa pasarela nacional, y entre la orgía de patriotas caminantes tuve el juicio de confrontar las radiografías de violencias pasadas con las placas evidentes del hoy, y sentí el olor de los acontecimientos repetidos. Sentí el llanto de generaciones y el humo de los incendios, la pompa de las posesiones y sus procesiones, leí el estancamiento del grafiti de la capital, rechiné la rabia de enterrar gente valiosa para este país, y en ese delirio de lo que fue y no fue, creo que vi en el mercado de las pulgas el florero que detonó el chispero un 20 de julio patriotero de 1810, acontecimiento muy importante que sirvió para tres cosas.

Por mi óptica mimetizada pasó la suma de caminantes reclamando cada quien su imaginario de paz. Pasaron las viudas y las que ojalá no. Pasaron gritos decibélicos y pancartas alusivas al perdón, al odio, la revancha, al acuerdo humanitario, a la reconciliación, a los otros desaparecidos. Leí invitaciones a la reflexión de Alfonso Cano, y también vi a uribistas oportunistas infiltrados recogiendo firmas y arengando política un día histórico donde Colombia estaba hablando de otra cosa. En fin, hay que entenderlos.

En el parque nacional sin reponerme por la emoción de tanta gente unida, paré a hidratarme y me estrellé con la pancarta de Moreno de Caro juagado de la risa, contrastado al lenguaje verraco de su eslogan que me causó una reacción parecida a cuando me cuentan un chiste que ya me sabía o que no entendí. Mas adelante frente al planetario vi a los ateos argumentando su dislocación existencial, y a los cabeza rapadas predicando un socialismo no se que. Leí volantes esotéricos de Regina 11, me reí como un diablo, vi zanqueros, payasos, bailarines, malabaristas, saltimbanquis, farándula, fotos, autógrafos, borrachos amanecidos, o sea, todo mas o menos como me lo imaginaba, ni siquiera me faltó la desazón de ver a un indigente acostado con un bolardo de cabecera chupando bon bon bum frente al pirómano edificio de Avianca, flotando su frescura indiferente en ese mar de pies que a pesar de su estorbo, tratábamos de no pisar al desgraciado.

Cruzando el museo del oro, fui testigo de la explosión coordinada de un coro uribista asaltando las cámaras de City Tv con un altisonante -¡Uno, dos y tres, Uribe otra vez!, que les salió bonito pero que no halló eco entre la gente y les pasó el pantallazo sin pena ni gloria. Lástima, después de tanto ensayar. Pero yo seguí adelante embutido en esa marea de paisanos fisgoneando como caballo de Troya, caminando, participando, estudiando y aprendiendo. Entre pitos y bombas mi corazón le apostaba una vez más a la movilización civil, y absorbía mi reflexión de que en estos arrebatos de expresión social, puede estar el pegante que cohesione una vez la iniciativa colectiva y saque al pueblo Colombiano de esa pereza apática que nos envuelve hasta hoy. Ojalá hayamos entendido el poder de la fuerza sinergia de 40 millones de actores civiles racionales modernos.

En el costado suroccidental de la misma escena jimenezca, motivo marcha por primera vez no advertí el bazar de las esmeraldas, sino una montonera de desesperados macdonaleros dándose codazos por saciarse primero de esa grasa homicida que nos invadió, y que bien merece otra jornada de bilingües protestando por la colonización cultural. Dicha esquina no vivía un hervor tan apretado desde cuando la turba enardecida y bestia despedazó a Roa Sierra sin dejarlo cantar la melodía de la verdad, capítulo que recordé enseguida al avanzar por esa misma acera que se tragó a Gaitán, quien dicho sea de paso, fue en carne propia, uno de los pioneros en marchas, magnicidios confabulados y entierros por la séptima de marras.

Ya en la recta final en zona de sprint viví otro párrafo de nuestro día. Me recibió la calle 12 con ofertas de aguateros, heladeros, venta de minutos y un conato de lluvia que no se dio porque leí en otra pancarta que Dios es Colombiano. Vi niñas bonitas, niñas lobitas, y para rematar la serie de la calle 11 con un forzado de pecho, me salió al paso un vendedor ambulante a despercudirse la mala racha ofreciéndome un muñeco que más o menos se parecía a Álvaro Uribe, pero que yo confundí con San José Gregorio Hernández, no se si por lo mal copiado, o por la veneración que se le siente al que vende y compra este adminículo. No lo compré, no por falta de dinero, ni por política, sino por la religión que me prohíbe la idolatría. Al preguntarle que cómo le iba con la venta del “articulito” y responderme que mal, le sugerí como buen samaritano una idea de mercadeo para impulsar el amuleto. Le dije que con la mano en el pecho anunciara a viva voz un combo que incluyera el muñequito con camándula, veladora, novenario de doctrina, y el estíquer de moda para usar entre ceja y ceja y que retiñe tres cosas en mayúsculas hipnóticas: REELECCIÓN, LA PATRIA, TERRORISTAS DE "LA FAR" ...bis...sécula seculorum.

Antes de nuestra entrada triunfal a la Plaza de Bolívar me detuve a una introspección histórica frente a la casa del florero aquel, para consagrar al Altísimo lo que acabábamos de lograr los Colombianos, pidiendo que este peldaño del 20 de julio de 2008 haya servido para algo más que recoger unas firmas que en la emoción actual, equivalen a firmar un cheque en blanco. Finalmente ingresé a la plaza cuando la tarima anunciaba nombres de niños perdidos, seguido del de los padres, después que unas llaves, que una cartera, que los documentos de no se quien, que un celular, etc. mejor dicho la “raqueteada” estuvo presente, como me lo esperaba. Hasta se perdió el hilo conductor del presentador que en un lapsus dijo que se había extraviado un niño con síndrome de “drown”. La chifla fue un tsunami.

Hecha la tarea y agotado como mi botella de agua, me senté en la entrada del Capitolio sin descuidar mi cartera, pues las caritas que entraban no me daban confianza. Ahí, absorto cavilando, le hice un arqueo a la sociedad que sintió lo que vivió, buscando saber si además de romper un nuevo récord de movilización nacional, habríamos logrado el sueño de la conexión que anhelamos, al descongelar la indiferencia. Me pregunté si marchamos tantos era porque” tocaba”, o si ésta cantidad estaría dispuesta a hacerlo por un motivo como exigir la devolución de las tierras a los 3’500.000 desplazados, situación que en cualquier país sensato sería una vergüenza, o marcharían para pedir un cambio en el enfoque de la educación nacional para salir del remolino de ignorancia que nos autodestruye, si protestaríamos por el manejo de la economía que tiene la distribución de ingreso más inequitativa e indolente de América Latina, y el desempleo más alto de toda el área, con un 65% de pobres, si nos pronunciaríamos como ciudadanos por el pésimo manejo del campo, que hace que no seamos capaces de ser autosuficientes con la seguridad alimentaria de un país con vocación y condición agrícola, si saldríamos con un poquito de imaginación, no mucha, a oponernos por firmar un TLC de una manera tan irresponsable y aventada para el futuro de la nación y sus generaciones, sin siquiera convocarnos a ver qué pensamos sobre un tema tan trascendente, me indagué si me llamarían terrorista por preguntarme estas cosas. Pero lo que más me pregunté y era el motivo de salir a las calles, es si ese día, y quiero creer que sí, logramos los Colombianos un efecto en los hasta ahora “autistas” comandantes de las farc, me indagué si habríamos conmovido un ápice la víscera del que puede tomar o ayudar la decisión dentro de la organización fariana para devolver incondicionalmente a los secuestrados, y entrar por la puerta de la negociación de paz sin ambages, y alcanzar algo de la gloria nacional con un gesto histórico como ese.

Después de marchar nos marchamos. En mí y para todos, le pedí al universo de Dios que la próxima vez que entrara Colombia volcada por esa carrera séptima, no fuera para llorar cataclismos sino que se hiciera para firmar la paz en la Plaza de Bolívar, en un cabildo como lo hubo nunca, que incluyera la presencia en vivo y en directo de todo lo que somos, tenemos y entendemos como nación, en la culminación de una página negra de nuestra historia, y el nacimiento de un nuevo y duradero contrato social justo, sincero y honesto para todos. Ese día sí firmo.

Ley Rodríguez.

miércoles, 2 de julio de 2008

-- ¿Mala la Cosa? --



--- ¿Que pasó con la conciencia, dignidad y compromiso del Río Grande para abajo?. ---/--- El espíritu de esta canción quiere iluminar el recuerdo, fe, obra, tesón e ideas de Jaime Garzón, Luís Carlos Galán, Omaira Sánchez "La Cacica", Consuelo Araújo y todos los inocentes caídos en nuestra Colombia. ---/--- Sin diferencia e impregnado de la paz que Dios da, un abrazo en la distancia para Ingrid Betancourt y todos los Héroes secuestrados y desplazados. Extensivo también para la diáspora Colombiana y Latina que busca lejos un mejor vivir, luciendo con orgullo su procedencia, y haciendo quedar bien a la familia. ¿Cuando vuelven?
Willie y Rubén:
(Letra y Música Ley Rodriguez)
*Alegorías: Rubén Blades, Willie Colón y Chico Buarque.
--- Reconocimiento al aporte socio-cultural de este par de cantores de América Latina,- Willie Colón y Rubén Blades-, que excusados en la música han pintado en canto un paisaje latinoamericano enmarcado en los linderos de su cruda realidad, pero definido en el fondo por el vivo mar de verdes sueños, de esperanza y fe. ---/--- Que viva la creatividad y la música conceptual que narra las vivencias bajo nuestros cielos; experiencia que de poder, nacería de nuevo en esta tierra, en el mismo vientre, en el mismo acto. ---/--- Van también para Tite Curet Alonso, Héctor Lavoe, Frida Kahlo, Gabo, Mutis, Miguel Otero Silva, almas alegres, voces, plumas. --- El solo de barítono de Rafa Sandoval es un homenaje a la pureza de Lisa Simpson, las abuelitas Amparo y Ana Elisa, "Mima do mundo", Ana y Nana Rodríguez, "Santi"Torres, Mafalda y los niños del mundo. (Que deben ser excluidos de la guerra y cualquier forma de maltrato)


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